Aplicar maquillaje es algo que las personas hacen desde los inicios de la civilización, esto no es nada nuevo, es un lenguaje no verbal creativo que inicia desde que el homo sapiens comienza a tener un sentido de la estética.
¡Sí!, el maquillaje realmente es parte de nuestra especie. La pregunta es ¿Para qué fuimos dotados con este sentido estético? En lo personal creo que todo, absolutamente todo en la naturaleza, es belleza que se manifiesta. Lo vemos en las flores, los colores y tonalidades de la vegetación, de la tierra, el pelaje de los animales, los dibujos en las nubes, las estrellas, los paisajes, el movimiento de las aguas.
¿Notaste como te sentís cuando detectas belleza a tu alrededor? Pensalo un momento. ¿Qué te pasa al ver un colibrí, por ejemplo?, la belleza es subjetiva, no a todos nos inspiran belleza las mismas cosas. Pero si necesitamos sentir belleza alrededor para nuestro bienestar. Y el uso del maquillaje forma parte de este concepto también.
Cuando te sentís bella, atravesás tu día con mejor energía. Pero hay una trampita en la que solo caemos los seres humanos y es la inseguridad sobre la propia belleza. Entonces entramos en la búsqueda de idealizar cánones y ahí se pierde.
El maquillaje puede ser una superherramienta de autoconocimiento o la máscara perfecta para ocultarse. La diferencia radica en como elijas tomarlo. Si no podés salir sin maquillarte, aun en los días en los que no tengas ganas de hacerlo. Prestá atención a esta alerta.
Si, en cambio, te maquillas cuando lo sentís aunque sea a diario. Entonces, el siguiente paso es incorporarlo como una meditación activa. Donde puedas descubrir algo de vos cada día, disfrutar del momento, activando tu creatividad, estando presente en cada pincelada.
Te invito a esta, quizás nueva forma, de incorporar el maquillaje en tu vida. Te invito a explorar tu rostro desde adentro hacia afuera, conectando tu ser con tu imagen.
